En el mismo trayecto del sol
“Con dos millones suma de a vida y entre tanto cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía, tres penínsulas con islas adyacentes
y un asombro de ríos verticales y tierra bajo los árboles y tierra bajo los ríos y en la falda del monte y al pie de la colina y detrás del horizonte y tierra desde el cantío de los gallos y tierra bajo el galope de los caballos y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor y debajo de todas las huellas y en medio el amor”…Para Pedro Mir, la gran riqueza del dominicano, así se expresa de República Dominicana en su poema Hay un país en el mundo.
Palabras que llena de melancolías reflejan la realidad propia de este país. Un lugar mágico en el mundo, el paraíso anhelado por muchos. No obstante, quienes vivimos en él, derrochamos sus grandes tesoros.
Cuan difícil es enfrentar la vida, sobre todo sabiendo que al salir a la calle encontrarás: la queja de la miseria, de la frustración, de la pérdida de valores y de la falta de fe. Un desaliento válido que se respira cuando las esperanzas se hacen cada vez más pequeñas.
En este espacio geográfico ya no se puede decir que se habita con personas dignas, pues ya decir políticos y empresarios es igual a decir corrupción.
Y lo más penoso es que se engaña y se oprime a los menos aventajados, a aquellos que tienen que jalarse los moños para poder echar hacia delante el futuro de sus hijos y su hogar.
Cómo se vive sin cargo de conciencia si nos hacemos cómplices de las barbaries de los políticos y su gente. Qué le pasó a la honestidad, tal vez se fue de playa y el mar se la llevó…
No puedo creer que existan seres humanos sin sentimientos, sin corazón, que consideran que es mejor quitarle el casabe al pobre para conseguir el pan de la mediocridad y la soberbia.
Me pregunto el por qué habemos periodistas que vendemos nuestro propio nombre, a cambio de dos centavos. Por qué nos negamos a decir “la verdad”.
Viajes ilegales, drogas, asesinatos y sobornos parecen ser la descripción del diario vivir en República Dominicana. Ahora nos cuidamos el pellejo para no morir por el bien común, pues ¿para qué busco el bien común, si al final no me lo agradecerán?
De tal manera pensamos y actuamos, y creemos estar en lo correcto. Nos cuesta tanto aceptar que ya no estamos en el mismo trayecto del sol, sino de rodillas a el para ver si algún día podemos alcanzar ver las estrellas.
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