domingo, 19 de octubre de 2008

Evidencias

Le llaman “educación”

Las cinco de la tarde es uno de los instantes picos de las sociedades del mundo, muchos salen de sus trabajos hacia sus casas, otros como yo, jóvenes universitarios, nos reunimos para ir a nuestras respectivas aulas con el deseo de aprender algo nuevo e inculcarlo a nuestro ambiente y entorno.
Sin embargo, asistir a un salón de clases en República Dominicana desalienta a cualquier interesado en esculpir las bienaventuranzas de un sabio, que en algún momento dijo que la tierra era redonda.
Me duele cuando se inician las clases y veo la misma profesora del semestre anterior, sólo porque no hay docentes para impartir clases, entonces ahí entiendo que otra vez viviré en el calvario de la monotonía y que fulanito y perencejito pasaran en A porque para la profesora ellos son los más capacitados.
Esto pareciera ser la excusa de cualquier mal estudiante, pero créanme no es así, nunca he comprendido cómo se evalúa al estudiantado en este país. Se cree más en la botella que alguien pueda archivar en su memoria que en la práctica disciplinaria de un alumno. O, peor aún si se saca una alta calificación gracias al “chivito” o al material de apoyo que se mandó a elaborar.
No creo, en que si respondes correctamente todas las preguntas en un examen, por ello ya eres el mejor estudiante del aula. Hay muchas otras formas de calificar a un estudiante, no necesariamente por su capacidad para lograr un 100 como puntaje final, todo es cuestión de actitud y aptitud.
Las universidades necesitan dar un cambio a sus pensums, cada día menos interesantes, nada innovadores, sucumbidos, absolutamente en teorías y ni un escape para la práctica.
Matricularse en universidades privadas es como si se fuese a pagar un viaje a la luna, pero si valiera la pena, yo no estaría haciendo esta crítica, y es que los servicios son pésimos y de la infraestructura ni hablar. Sin duda, no se ofrece la calidad por la cual se está pagando.
Evidencias imborrables

Una vez hice un reportaje acerca de un periódico del siglo XIX y me impactó tanto que mi profesora me dijera que no podía escribir de la siguiente forma “7 de septiembre”. Su tesis se fundamentaba en que las fechas se escriben “siete de septiembre” y, realmente su argumento no está mal, pero el mío tampoco. Ambos son válidos, pero para mi maestra eso no era posible, era casi imposible. Sin explicaciones prefirió decir cosas intolerables del medio para el cual laboro y, yo sólo me decía: “Dios dame fortaleza, mi anhelo no es ofender”. Todo culminó pacíficamente y, de modo indignante me marché a mi casa. Pero, no puedo olvidar aquel día en que no me fueron dadas razones lógicas respecto a mi calificación, y lo más triste es cuando te das cuenta que fue un juicio a tu trabajo, pues en otras alumnas, observé graves errores gramaticales y ortográficos, pero “según”, el mío fue “más grave”. De ahí mi pregunta: ¿Se educa en República Dominicana? o es que sólo le llaman EDUCACIÓN.

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