Un abrazo a la esperanza
Como torbellino, la luz de la tristeza vaga por las calles de mi ciudad, Puerto Plata, tus alas de providencia y fe se encuentran cara a cara con nostálgicas realidades. Hoy, la pérdida de Don Waldo Musa inunda nuestros corazones, al igual como presenciamos la ausencia de tres estimados seres (José Alberto Núnez, Don Isidro García y Carlos Eduardo Morales). El amor es paciente, afable y es la fuerza por la cual aun el mundo da vueltas, sin embargo, por amor, cariño y afecto derramamos lágrimas inconsolables.Sin embargo,por ese dolor, ese sufrimiento que nos clava el alma necesitamos llenarnos de misericordia. Las magnanimidades de Dios para con nosotros son indefinidas y únicamente El puede curar nuestras heridas. Es difícil, lo sé, lo siento, más tengo la certeza de que las adversidades y las agonías son las fuentes del entusiasmo, del valor. Esta es la exclusiva forma de Dios mostrarnos cuánto podemos dar y recibir ,así cómo cuánto podríamos perder en nuestro paso por la vida.De cada uno de ellos tenemos semblanzas dignas que nos permiten recordar el tesoro que fueron,de uno obtuvimos sanidad no solo física sino de amistad, de otro la bondad y la honradez de sus años, a través de una partida a destiempo revaloramos nuestras vidas y aprendemos que una sonrisa es la expresión del corazón y Don Waldo, de él tengo su ejemplo de vida, su incansable labor, su perseverancia y lucha ante cualquier dificultad. Son las alas de Jesús que les miman en su regazo, ese amor fraternal e incondicional que nos hace invencibles y nos llena de entusiasmo. Las personas que queremos jamás se van de nuestras vidas, pues siempre permanecen en nuestro interior, ese interior que no muere, ni se agota, ni envejece sino que brilla con tan solo recordar los momentos vividos y sueños compartidos.Un abrazo a la esperanza es mi deseo, esperanza de vivir, esperanza para amar,esperanza para soportar y paz para esperar un encuentro celestial.
Texto: Arlene Reyes Sánchez
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