La vida política del TELÉGRAFO sigue comunicando la realidad dominicana
ARLENE REYES SÁNCHEZ
SANTO DOMINGO.-Entre libros y olor a humedad, jóvenes e historiadores dominicanos navegan en las compilaciones históricas del país. El Archivo General de la Nación tiene entre sus estantes y gabinetes todo un compendio de periódicos nacionales del siglo XIX, entre los cuales se encuentra El Telégrafo, que, más que noticias duras, reportajes y crónicas, es una recopilación de artículos de opinión, característica propia de la prensa escrita de aquella época.
En la actualidad, funcionarios, políticos y hasta la población de República Dominicana crítica y siente “deshonra por su patria”, según manifiesta Vetilio Alfau, historiador e investigador dominicano.
Parece ser una historia del presente, del diario vivir. Sin embargo, una de las páginas del periódico El Telégrafo, del día jueves 14 de junio de 1821, cita en su sección de política, con el título “Libertad de discurrir” lo siguiente: “Los individuos de una nación, cuyo gobierno es absoluto, y que por esta razón debe pasar muy pronto al despotismo, no se instruyen de los intereses, negocios y correspondencias del Estado, porque como su móvil principal es ambicionar empleos, adquirir fastuosos títulos y tener pomposos trenes para distinguirse unos de otros y acercarse cuanto es posible al centro que es el caudillo...”.
Cualquier ser que se haga llamar dominicano y lea este párrafo puede creer que se está desglosando la política de la sociedad en el presente. Nadie escaparía al impacto de tal descripción y de cuán deshonroso es para la soberanía, aquella de Duarte, Sánchez y Mella, descubrir que su lema “Dios, patria y libertad” ha quedado sumergido en el abismo de la injusticia.
“Ya no se lucha por la patria, ésa que con tanto empeño y sacrificio quisieron obsequiar aquellos grandes hombres de bien, que sin importar bandera dieron el todo por el todo y que en un escudo abren una Biblia como signo de pureza, de inalterabilidad”, dijo Jaime Vargas, estudiante de sociología de la UASD.
En su artículo, El Telégrafo también refiere: “El caudillo sólo aspira a descubrir los medios conducentes al objeto del poder, que rara vez son las virtudes: la adulación, la lisonja, la calumnia y las exterioridades obtienen y aseguran las pretensiones, los honores, los puestos, arrebatándose y usurpando los hombres más corrompidos y malvados, los premios que sólo debían distribuirse entre los virtuosos, moderados y prudentes”.
Observación: arrebatando, es lo correcto.
Si se hace una comparación, se puede decir que las yipetas de lujo de los políticos son los trenes de esta época, la ambición de los empleos es el mismo “quítate tú pa´ponerme yo” del hoy en República Dominicana.
Se juega con los intereses y negocios del Estado como cualquier muñequita de trapo, cuando los representantes del Gobierno procuran y se aprueban aumentos de sueldo, sin la aceptación popular. Entonces, ¡qué tan poco hemos cambiado!
“Se ha evolucionado poco, pero por lo menos ahora la prensa es más visual y los errores gramaticales, a diferencia del siglo XIX, son cada vez menos, comparados con los de aquella época que había que escribir rápido y a máquina, con muchas dificultades, es tal vez ése el gran aporte y/o crecimiento de los medios en la actualidad”, dijo Alfau.
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