ARLENE REYES
Vivimos en un mundo en el que queremos tapar el sol con los dedos y la verdad con el apoyo a la injusticia. Pero cuan ignorantes nos hacemos, si no somos capaces de enfrentar la realidad con decisión y optimismo.
Tal vez el iniciar este espacio con clichés propios de las personas que viven con la esperanza de que una mañana al despertar, el universo brille con nuevos colores, permita pensar que pretendo hacer vivir una realidad subyacente. Sin embargo, soy de las que entienden que si cada individuo no es capaz de enfrentar el presente con empeño, no puede pretender que el futuro sea el milagro de la creación.
Creo que la generación joven puede crear por sí misma las condiciones de oportunidad y desarrollo que deseen, siempre que se comprometan con ello. El compromiso en nuestra época es referido a la permanencia de lo que nos rodea, y a la vez eso es tan fugaz como variable, lo que se ve reflejado en nuestras relaciones humanas cada vez más breves y en el deshecho de objetivos aún en nuestra propia vida, sin darle un seguimiento de crecimiento. Entonces la dinámica de úsese y tírese se hace presente. Un ejercicio interesante es cuestionarnos el por qué, para qué, para dónde, cómo, y no sólo quedarnos en la parte cómoda del desafío, sino aportar soluciones concretas e inmediatas a esas preguntas y nuestras acciones.
Socialmente los jóvenes pueden cambiar su forma de ser las veces que queramos y no hay problema, porque es su momento, el cual muchas veces no aprovechan por casarse con una definición o por introducirse en una falsa cúspide de incipiente conocimiento.
Hoy, digo con certeza que la juventud dominicana puede desarrollar los parámetros que nos hagan falta para la elaboración de un plan de vida que no erróneamente sea la definición del ser humano sino la cantidad de medidas que hay que adoptar para alcanzar nuestras expectativas y sueños a corto plazo, y solo hasta entonces concebir mayores metas.
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