LA RUTINA:
Niñas se exponen vendiendo flores de noche
Arlene Reyes Sánchez
SANTO DOMINGO.- Tres niñas de 7 y 9 años, llenas de sueños y metas por cumplir, hoy se ven obligadas a realizar trabajos que en cualquier sociedad que respete los derechos de los niños, se reservan para adultos.
“Eva”, “María” y “Victoria” son los nombres retocados de tres vendedoras de flores en la Plaza Andalucía de la Capital, quienes circulan por todos los espacios en este centro de negocios hasta altas horas de la noche. Con su trabajo buscan reunir algo de dinero para llevar a su hogar.
Tratar de abordar el caso de estas niñas resulta complicado, y cuando LISTÍN DIARIO intentó escudriñar su realidad se encontró con una situación lamentable: Las pequeñas se tapaban la cara con las flores para evitar ser identificadas, porque están amenazadas por sus tutores para que no den a nadie detalles de su labor, mucho menos a la prensa.
Al preguntarle a las chicas cómo se hacen para ir a la escuela si salen de trabajar en la madrugada, “Eva” respondió tímidamente: “Sólo duermo dos horas”. Pero el cuestionamiento principal es si su tía (quien las cría) no se ha puesto a pensar en el papel que juega en el desarrollo de estas niñas, en la forma en que viven y en su futuro.
“Esas niñas vienen todos los días a las doce de la noche, con un taxista en un carro, quien las despierta al llegar a la plaza”, dijo una empleada de uno de los negocios del lugar.
¿Qué desarrollo social pueden tener estas infantes si no tienen oportunidades educativas, ni de esparcimiento, ni mucho menos de sostenibilidad social? Naturalmente, eso no lo responden las propias menores, ni tampoco la tía que las tiene trabajando como adultas. “Ellas han estado expuestas a propuestas indecentes, es decir a ser violadas y maltratadas, pues este es un lugar de diversión nocturna, donde hay bares y discotecas. “Imagínate, puede pasarle cualquier atropello”, agrega la empleada. Quienes deben velar por el desarrollo digno de los niños también callan o no se dan por enterados.
La realidad de estas niñas que trabajan a una edad tan temprana, cuestiona a los entes sociales, económicos y gubernamentales que suelen acudir a razones externas para justificar los fracasos de sus estrategias de desarrollo. Para algunos expertos, la publicidad y la promoción deben ser usadas para involucrar a todos los agentes de la sociedad en un esfuerzo conjunto para tratar de mejorar la situación de niñas como ellas.
Con rostro humano
Si se piensa que todas las niñas trabajadoras se han adaptado a la vida de la calle, el caso de “Eva” rompe los esquemas. A su corta edad ha desarrollado una gran sensibilidad humana y generosidad.
De eso puede dar testimonio José, un cliente habitual de la plaza. “Un día conocí a ‘Eva’, quien estaba deprimida porque no le estaban permitiendo ir a la escuela”.
En aquel momento, José tuvo que enfrentarse con la tutora de las niñas para que la dejara estudiar. “Luego regresé y la niña me dijo que había iniciado sus clases, me fui y le prometí buscarla para obsequiarle un detalle por sus calificaciones”, relató José.
Una noche volvió a la plaza y “Eva”, desolada, le dijo: “José, en vez de regalarme un juguete, ayúdame a comprarle unas medicinas a mi hermana que tuvo un accidente... Eso, sin duda, conmovió mi alma”. Al llegar la madrugada, las niñas aún permanecen en la calle, vestidas con ropa sucia y estrujada, y expuestas al inclemente frío.
Sin embargo, el espíritu de hermandad que se profesan estas hermanitas se hace notorio cuando a pesar de todo se abrazan y vencen las dificultades del momento. Juegan, corretean, ríen y gritan para demostrar a todos que allí hay alma de niño, aunque su labor es la de vendedoras, las más tiernas, eso sí, cuando se acercan con voz sutil y dicen: “Señor, señora, regale una rosa a su amor”.
POSIBILIDADES TRUNCAS
Frío y soledad
En la plaza Andalucía, en el corazón de la avenida Abraham Lincoln de Santo Domingo, estas niñas han hecho de la calle su nuevo hábitat.
En ese espacio comercial, que en el día da la bienvenida a clientes interesados en visitar tiendas de lencería y tejidos, y restaurantes, al caer el crepúsculo abre las puertas a bares y discotecas, donde se dan cita jóvenes de la ciudad para divertirse con sus amistades. Justo allí, a la hora en que sólo hay bloques de locales de oficinas vacíos, estas pequeñas están ofreciendo sus flores al primer visitante, involucrándolos en su mundo de soledad y miseria. Al ver la tristeza en sus ojos y esas ojeras imborrables, se ve también, sin embargo, un mundo de fantasías, por no hablar de ideales que probablemente nunca se harán realidad.
Tarde reina la música en el centro de la plaza, mientras ellas aprovechan para ofrecer sus flores a quienes van por los pasillos hacia los baños o llegan a divertirse. Su labor termina cuando el centro cierra y entonces, muy cansadas, intentan recuperar fuerzas para al otro día ir a la escuela y volver a su rutina de correr detrás de clientes en un trabajo desafortunado para su corta edad. El reto ahora es saber si estas niñas seguirán asumiendo un trabajo adulto, expuestas al abuso y limitando sus posibilidades de estudiar.
VER:http://listindiario.com.do/app/article.aspx?id=71712
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