“Debemos aprender a pedir perdón a los hijos”
Arlene Reyes
Para Eric Hazim la vida es la sola causa de existir, tiene una providencia de Dios, y fruto de eso tenemos una razón de ser y de actuar conforme a la voluntad de Jesucristo
SANTO DOMINGO.- No es necesario conocer a un ser humano durante toda una vida para identificar su valor como persona; basta con tratarlo dos segundos para interpretar lo que late en su corazón.
Tal fue el caso de Eric Hazim, abogado y titular de la Dirección General de Contrataciones Públicas, quien nos abrió las puertas de su hogar junto a sus hijos. En Hazim se visualiza un hombre emprendedor, dedicado a su trabajo, a su profesión, pero sobre todo, a ser un padre ejemplar para sus hijos.
¿Qué considera usted que es lo importante en la vida?
La vida es una misión, es la sola causa de existir, tiene una providencia de Dios y fruto de eso tenemos una razón de ser y existir. A veces, nos llenamos de premuras por el día a día, y nos dejamos persuadir por las cosas materiales, sin entender que la existencia es un regalo que no tiene precio. Éste valor trato de reflejarlo en el seno familiar y en mi entorno. El diario andar debe ser marcado pensando en el hoy, pero teniendo perspectivas para el futuro.
¿Qué significado tiene para usted ser padre?
Es una experiencia religiosa. Se hace preciso que nos veamos en el espejo de nuestra propia infancia para así poder entender a los hijos, porque ser adulto no es dejar de ser niño, es sólo que nos hacemos más grandes. Por ello, viéndome a mí, trato de ser comprensivo y tolerante con ellos.
¿Qué le diría a aquellos padres que no valoran a sus hijos?
Que no se olviden de sus hijos, olvidarles es olvidarnos de nosotros mismos. En ellos, debemos reflejarnos y no olvidar que en un momento tuvimos las mismas inquietudes, que necesitamos apoyo, afecto, presencia y ejemplo. Proyectarles los valores de la honestidad y la integridad para hacerlos hombres y mujeres dignos. Se hace justo, ponernos en los zapatos de nuestros hijos y entender que no debemos hacerles lo que no nos gustaría que nos hicieran. Hay que aprender a pedir perdón a los hijos; los padres estamos acostumbrados a que ellos nos pidan perdón, cuando somos los generadores del problema.
¿En algún momento ha sentido que ha faltado a su familia?
Sí, les falto con no poner equilibrio en mi trabajo. Llevo cuatro años en la vida pública, y eso es algo que requiere de mucho espacio. Lamento cuando no puedo estar ahí a la hora de las tareas o las comidas junto a mi familia. Sólo espero que nunca me reclamen esa falta, esa ausencia y que no me lo cuestionen porque me afectarían el alma. Los padres debemos servir de ejemplo, los hijos pierden el camino de la objetividad, de lo que quieren cuando no se sienten motivados por el amor fraternal. Los padres no somos perfectos y tenemos que aprender a reconocer nuestros errores sin herirles con ofensas.
¿Qué le da fortaleza?
El trabajo, es lo que me hace sentir útil ante la vida y la sociedad.
¿Podría mencionar un legado familiar de sus padres? De mi madre, admiro su fuerza interior, esa capacidad que tuvo para poder echar hacia adelante sin mi padre. De mi papá, su ejemplo solidario y el amor desinteresado que profesaba a todos.
REFLEJO
Amor paternal: Sus hijos son su gran inspiración, su fuente de lucha, el regocijo de todas sus mañanas.
“Cada uno de mis hijos es especial, Estefanía es la más pequeña de mis tres hijos, es mi tesoro de amor, quien me llena de besos al anochecer. Erika es la mayor, es simpática, perseverante, capaz de contagiarme con su sonrisa para que le complazca.
Llelbert es mi heredero, es tan organizado como su padre, refleja la inquietud que yo proyecté en mi niñez cuando tenía una maleta de sueños y metas por echar hacia adelante. Caminar por los designios de la vida con entusiasmo, dignidad y ejemplo es abrazar la felicidad y saciarla de la satisfacción que da el deber cumplido”, dice Hazim.
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